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FIN DEL ERASMUS.

Los buenos propósitos están para no cumplirlos, o para volver a plantearlos al año siguiente. Yo el de mi blog Erasmus ya no lo voy a poder replantear, porque, desafortunadamente, el Erasmus sólo se vive una vez. Y ahora echo la vista atrás y me da rabia no haber contado más, no haber compartido más experiencias y curiosidades que he ido descubriendo a lo largo del año. No he explicado qué es una VERDADERA barbacoa en Alemania. Ni la importancia de no juntarse con gente que sea de tu país. Ni he podido desmentir el mito del Erasmus-Orgasmus. Tampoco he podido (ojo, digo podido como si una fuerza mayor me hubiese prohibido escribir, cuando sé que es culpa mía) hablar de las ciudades que he visitado, las que recomiendo y las que no tanto. Ni de mis frecuentes visitas al Primark de Hannover, ni de todas las palabras en diferentes idiomas que he aprendido (entre ellas, las más queridas por todos es la que se dice cuando se brinda, ¡naturalmente!). Ni de cuando corrí mi primera carrera, que es especial por haber sido en Göttingen. Ni de los restaurantes fabulosos donde he estado. Pero bueno, aunque no lo escriba, espero no olvidarlo para poder contárselo a quien lo pregunte.

10 meses dan para mucho. Para perderse en lo novedoso, para hacer de una lengua extranjera tu segunda casa, para querer una ciudad, para aprender a apañárselas, para asquearse del tiempo, para visitar lugares nuevos, para mezclar lenguas, para correr por caminos diferentes, para hacer cosas que nunca se han hecho antes, para adaptarse a otros horarios, para enamorarse, para desenamorarse, para fotografiar recuerdos, para inspeccionar quiénes somos, para viajar, para escribir un poco, para leer más, para verse reflejado en otras culturas, para entender qué lugar ocupamos, para perder el tiempo, para probar nuevos sabores, para echar de menos nuestra casa, para conocer gente maravillosa, para elegir amigos, para crear otro tipo de familia.

Me voy de Göttingen, pero me llevo conmigo un baúl de experiencias y recuerdos que no voy a olvidar.

 

 

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LA BICI

No eres de Göttingen hasta que no tienes tu propia bici. Y eso es así.

CAM00959

Kreuzbergring

Punto número 1. La bicicleta en Göttingen es indispensable para la vida diaria si no quieres morir atropellado, sufrir lesiones, tardar más del doble en llegar a los sitios, etc.

Punto número 2. Todo el mundo va con bici. Hoy han empezado las clases y quizás había sólo frente al ZHG 200 bicicletas (o más, quién sabe). Cada asignatura es en un sitio, muchas veces serán en edificios diferentes, y si tienes 5 minutos para ir de una clase a otra… coge la bici, que es más efectivo que correr y echar el desayuno.

Punto número 3. Cuando tienes bici, la vida es más bonita. Puedes ir a hacer la compra sin que tus manos terminen llenas de heridas por el peso. Puedes levantarte 10 minutos más tarde. Puedes ahorrar muuuuuuucho tiempo (tardas 20 minutos en llegar desde la residencia a la estación de tren andando, el tiempo se reduce a 5 minutos en bicicleta). Puedes dejar que el viento mañanero ondee tu pelo. Puedes hacer carreras con tus vecinos. Lo único que no puedes hacer es conducir borracho. Jamás – multa al canto –.

¿Dónde conseguir una bicicleta? Me lo pintaron sencillísimo cuando llegué aquí, pero me ha costado más de dos semanas encontrar una en condiciones. Omitiré explicar que en cualquier tienda de bicicletas puedes comprar una, porque somos estudiantes y no tenemos dinero para esos lujos. Para conseguir bici, siempre puedes mirar en el tablón de anuncios de la universidad. La compra-venta de bicicletas es bastante común, por 50-70€ tendrás una bicicleta y, con un poco de suerte, luces/candado incluido. También puedes esperar (y rezar, porque es poco probable que te toque) a que el Estado done las bicicletas que encuentran por la ciudad. La mayoría son chatarrilla y necesitan arreglos, pero son gratis, ¿qué más quieres?

Sin embargo, la mejor opción siempre es tener contactos. Una amiga de un amigo conoce a un chico que se dedica a arreglar bicicletas de segunda mano (o tercera, o cuarta, o… así sucesivamente). Me dieron su número y después de dos llamadas estaba probando bicicletas detrás de St. Johannis Kirche. Conseguí la mía por 20€, ¡veremos si no me supone más de un accidente!

¡Muchos besos, españolitos!